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   La cecina de vacuno de León supone un mensaje alimentario de gran transcendencia, por su importancia autóctona dentro de la provincia de León.

    Columeta (s.IV a.C.) ya recoge la cecina en sus páginas del Tratado de agricultura.

   A lo largo de la Historia, menciones expresas a la cecina aparece en obras maestras de la literatura Universal como "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha" de Cervantes, que ha sido considerada como un  reflejo de la situación de la España de aquella época. Se encuentran, también. en otras obras del s. XVI como "La Pícara justina", en relatos del Padre Isla en el siglo XVII y en otras obras de grandes autores de la Literatura Española como Luengo o Felix M" de Samaniego.

 

 

 

   En el Tratado de agricultura general de Gabriel Alonso de Herrera, la cecina y la salazón de carnes ocupa un lugar destacado.

    Enrique Gil y Carrasco, poeta y escritor, refleja en sus numerosos reportajes y artículos las costumbres de la provincia leonesa; en uno de ellos, publicado en Madrid en 1843, titulado "El pastor trashumante", relata la vida de los pastores a los que llama "hijos de la montaña". En este artículo cuenta las despedidas de los pastores de sus familias para iniciar el camino junto a las merinas por las cañadas: "Para el siguiente día ya estará dispuesta la fiambrera del pastor, que consiste en una gran provisión de cecina y jamón...".

 

 

 




   En la colección Tierras de León, Patrocinio García Gutiérrez señala entre otros productos la cecina que formaba parte de las dietas que constan en documentos de la época.

 



   Entre 1835 y 1839, la ciudad de León consumía en un quinquenio 4.800 arrobas de cecina y en un año común 972 arrobas y, según la estadística proporcionada por el diccionario Madoz, se estimaba que: "las cantidades consumidas por individuo en un año común es de 0,137 arrobas".

 



   El Padre Isla se caracteriza por el manejo de la pluma liberal, satírica e irónica, ocupando un lugar destacado en la Literatura española del siglo XVIII. Vivió en Valderas, hasta su ingreso en la Compañía de Jesús. En la descripción que hace de Antón Zotes, en la obra Fray Gerundio de Campazas, señala la calidad y variedad de las comidas de tan singular personaje: "Hombre de machorra. Cecina y pan mediado los días ordinarios..."